viernes 17 de febrero de 2012
LA CIUDAD ENCANTADA EN EL ARCHIPIÉLAGO DE LAS GAVIOTAS DEL MAR DEL NEGRATÍN
Actualmente, el Altiplano, es una basta extensión semidesértica, donde la blancura del suelo calcáreo deslumbra al visitante bajo el sol plomizo y asfixiante de los tórridos estíos.
ISLAS DE LAS GAVIOTAS
NOS ACERCAMOS MUY LENTAMENTE
PLAYA DE LA CIUDAD ENCANTADA
Es aquí, en el Altiplano, a tiro de piedra de nuestra capital, Granada, donde se encuentra nuestro pueblo -Cuevas del Campo-, de una belleza centenaria indescriptible, que se refleja con descaro especialmente en los barrios de Cantarranas y de Triana, impregnando y envolviendo la magia del pasado en cada cueva, en cada rincón, en cada piedra, como si el pretérito se hubiese abrazado eternamente a su entorno con una fuerza protectora invisible e imperecedera, como si el tiempo se hubiese detenido intencionadamente para ser testigos de su belleza.
El Guadalentín se mezcla, con embrujo, en Las Juntas con otros ríos y se transforma mágicamente después en el Guadiana Menor -otros nos dicen que podría ser el auténtico Guadalquivir, nacido en la provincia de Almería junto a la pequeña población de TOPARES- refrescando, lavando y purificando, constantemente, las cálidas aguas termales que manan de las entrañas del Jabalcón (1.492 m.), mientras acaricia, rodea y abraza, tiernamente, su contorno salvaje erosionando sin piedad especialmente el “Archipiélago de las gaviotas”, junto a barrancos, ramblas, lomas y puntales, dejando, poco después, reposar sabiamente, durante un tiempo, sus cristalinas aguas de color verde esmeralda, en el pantano del Negratín, rebosante de pesca, piraguas, magia y belleza y donde la Luna llena de estío se baña descaradamente desnuda y sin rubor junto a la “Ciudad Encantada” en el interior de las aguas de nuestro archipiélago, hoy casi totalmente hundidas bajo sus aguas, en los atardeceres cueveños, ante los ojos furtivos de los enamorados escondidos, algunas veces, en los taráis y pinos de su ribera.
O esos bellísimos crepúsculos bordados de estrellas e impregnados de preciosos colores, dibujados mágicamente desde hace siglos, en el horizonte lejano del firmamento.
Las sierras de Baza, Pozo Alcón, Segura y las Villas -Sierra de Cazorla- formando parte, también, de su paisaje próximo, de una belleza barroca que embriaga al visitante de tranquilidad, paz, sosiego y serenidad. Y Sierra Nevada, un poco más alejada pero fundida sin duda, para la eternidad, en nuestro paisaje, con sus cumbres preñadas de hielo y nieve casi todo el año.
Y coronando su testa, un hermoso y extenso tapiz de verdes olivos cubriendo serenamente sus cañadas, laborados y mimados amorosamente por nuestros agricultores hasta conseguir, finalmente ese regio óleo, elixir de los dioses: el aceite de oliva.
PANORÁMICA
NOS ACERCAMOS A LA TORRE
LA JIRAFA
EL CASTILLO
CONTROL DE VIGILANCIA
PUERTA DE ENTRADA
INTERIOR DE LA TORRE
FOTOGRAFÍAS: Víctor A. Martínez de la Torre (Ver)
TEXTOS: Antonio V. Martínez
sábado 4 de febrero de 2012
UNA SEMANA SANTA DISTINTA
Jesús de Nazaret, la Virgen María y las Santas Mujeres, Poncio Pilato y sus Senadores, Caifás y los Sumos Sacerdotes del Sanedrín, el ejército romano con los mejores caballos de Iberia -jinetes incluidos- del emperador Tiberio; José de Arimatea, la Verónica junto con el pueblo hebreo, la recuperación de los oficios, el Mercado Judío, la ambientación de la ciudad sagrada, el pueblo hebreo con todos sus figurantes, la Banda de Tambores, los animales de carga con sus arrieros, el ganado de ovejas y sus pastores; todos los equipos de trabajo, cada uno en su sitio, como tiene que ser. Sólo esperan una señal.
JUICIO DE PILATO
EL PUEBLO JUDÍO EN EL PRETORIO
JUICIO DE PILATO
¡Son las cinco en punto de la tarde! La ciudad se activa, milagrosamente, a la vez como por arte de magia; todo comienza a funcionar a la perfección.
Miles y miles de personas venidas de lugares inimaginables -¿Roma, Siria, Líbano, Egipto, islas griegas...?- han quedado atrapadas misteriosa e inamoviblemente por el túnel del tiempo que les hemos preparado, intencionadamente. No saben lo que les espera. Ni lo sueñan.
Todo está a punto después de un año de intensísimo trabajo. La utopía está a punto de hacerse añicos -una vez más- ante el rigor histórico y la belleza de la puesta en escena de nuestra Semana Santa Viviente o por el gran esfuerzo, trabajo, tesón, ilusión y el cariño en el buen hacer de las cosas de toda la comunidad de Cuevas del Campo.
Así está nuestro pueblo hoy, convertido en la auténtica ciudad de Jerusalén de hace más de dos milenios, con sus oficios recuperados, ladronzuelos, vendedores deambulando por sus calles míseras y su viejo Mercado Judío lleno de ruidos y mercadeo; el “Pretorio” de Pilato con su guardia personal, criados y damiselas; y llegados del “tajo” los hombres del esparto y sus niños, haciendo presente a nuestros antepasados cueveños, como en un abrir y cerrar de ojos, los esparteros y sus hijos; las burras con los aperos de antes y los pastores con el ganado, pasando frente al palacio del gobernador de Judea con todo su estruendo, defecaciones en ruta y balidos; en días de frío intenso se refugiarán muy cerca de nuestra ciudad.
Es la época ¿gloriosa? del emperador Tiberio, el año treinta y tres después de Cristo, reflejada en su indigencia y grandeza al mismo tiempo. Aquí, en Jerusalén “cueveña, está a punto de suceder una gran tragedia; se siente por todos los rincones y calles de este entrañable pueblo: Jesús de Nazaret ha sido condenado a morir en la cruz, junto a dos ladrones más. Su ejecución es cuestión de minutos o quizá de horas.
La parada en el Mercado Judío con su exposición de aves rapaces y los juegos de cetrería –nueva este año-, hace más creíble a nuestro visitantes del lugar en el que se encuentra en estos momentos, en la realidad de la época cuando le ofrecen los diferentes productos de aquella zona, así como gran cantidad de remedios y plantas medicinales que, sin duda, curarán sus diferentes enfermedades por malignas que estas sean.
Más de uno -nunca en la Jerusalén de nuestro pueblo se habían visto tanta gente junta- se sintió transportado al interior de este drama para ver morir al Nazareno en el Gólgota de Cuevas del Campo, junto a dos malhechores. Sin duda, no podrán olvidar tampoco donde estaban cuando oyeron los látigos golpear, una y otra vez, la espalda de Jesús.
La armonía profundamente plena de sentimientos, la serenísima paz interior de las escenas más impactantes del recorrido con el Cristo azotado con crueldad o subiendo por la Vía Dolorosa hacia la cueva de Parejo, hoy convertida en monte Calvario.
La Verónica, con la “santa faz” entre sus manos y las lágrimas manando copiosamente de sus preciosos ojos; la profundidad y dimensión mística del Drama de Pasión contrasta con el bullicio, los latigazos, el alboroto o los sonidos orientales del mercado judío, con su música peregrina y monótona hasta el cansancio; los gritos de reclamo del vendedor ambulante y vociferante, que casi siempre tiene éxito en su incómoda tarea, pues alguno acabará comprando o vendiendo su mejor mercancía; el proceso del amasado del pan desde la molienda del trigo, la confección de los adobes, las lavanderas, degranadoras de panizo, partidoras de aceitunas o almendras.
No falta un solo detalle, ni siquiera ¿el olor a incienso? que se entremezcla con la brisa entre los puestos, el ruido y la música con más de seiscientas personas –actores, actrices, figurantes, técnicos, colaboradores, Banda de Tambores y otros, participando en la décima representación de nuestra Semana Santa Viviente. Y el que “tenga ojos para ver que vea” el gran milagro de Cuevas del Campo que dejan con la boca abierta a las miles de personas que cada año nos visitan.
¿Hay algo más? Yo creo que sí, en el fondo, nos queda un pueblo entregado plenamente y sin descanso a este gran proyecto, ya, totalmente realizado y bordado con letras de oro en los anales de nuestra historia, porque hemos sido pioneros en esta actividad tan importante y complicada, con sumo esfuerzo e ilusión inimaginables.
De todo esto, lo más importante ha sido el trabajo de todos, en el que no hubo persona más importante que otras, sino la unión de una fuerza viva, de un gran equipo con vistas de futuro trabajando en un proyecto impensable unos años antes. Solo el talento, la imaginación, la generosidad, el tesón y la constancia nos han dado de nuevo, sin lugar a dudas, en esta décima edición, más éxito del esperado: la inmortalidad cultural en el libro de historia de los pueblos.
Fue una maravillosa e inolvidable semana entre marzo y abril donde en un “elegantísimo cóctel dramático” se mezcló hábilmente el grano de arena bien laborado de cada cueveño, surgiendo así el gran éxito de nuestra Semana Santa Viviente, con una escenografía preciosa y llena de sentimientos profundos, que hicieron brotar palabras y gestos de admiración de todas aquellas miles de almas emocionadas que nos visitaron -alguno ha vuelto más de una vez para repetir la visita- con la actuación de estos actores, actrices, figurantes, y colabores aficionados salidos del alma de este entrañable pueblo del Altiplano de Granada.
Acabamos de celebrar la X edición de nuestra Semana Santa Viviente, con la participación de centenares de cueveños actores, actrices, figurantes, técnicos aficionados y colaboradores. Más de diez años intensos de trabajo, preñados de esfuerzos y sacrificios; trabajando unidos todos, cada uno en su grupo, con un único objetivo: promocionar nuestra localidad y su Semana Santa. ¡Y a fe que lo hemos conseguido entre todos! Y aquí está el milagro cueveño.
Prueba de ello, este año, han sido las emisiones de TVE en su programa “ESPAÑA DIRECTO” y las de CANAL SUR en “ANDALUCÍA DIRECTO” el pasado Viernes Santo desde nuestro “Gólgota” retransmitiendo las imágenes de nuestra Pasión a medio mundo.
Los talleres de costura, sin contar prácticamente con medios materiales ni dinero. Un grupo maravilloso de sacrificadas mujeres consiguió elaborar y confeccionar, con imaginación, un vestuario fielmente parecido al de hace dos mil años, echando muchas veces mano de cortinas, colchas y otras veces rastreando todos los mercadillos de los alrededores para poder dar con las telas más adecuadas para cada tipo de personaje, consiguiendo como publicó ABC “…un vestuario brillante”.
Los equipos técnicos, un verdadero trabajo de titanes, sacando tiempo, siempre, milagrosamente, de donde no lo había. Ha sido increíble su labor pues siempre, todo estuvo a tiempo en su momento justo. Un trabajo digno de elogio. Se solucionaron todos los problemas que iban surgiendo, con gran profesionalidad.
El equipo de sonido situó estratégicamente y con perfección sus equipos en tres puntos diferentes del recorrido de la Pasión, para poder llevar con la mayor calidad la música a las diferentes escenas, sin que nadie ni nada se privase de unos momentos musicales únicos y espectaculares.
¿Y las actrices, actores, figurantes y la banda de tambores? Impresionantes todos, se integraron rápidamente en un único y verdadero equipo de interpretación. Consiguieron lo que nadie imaginó, lo que nadie esperaba, transportando, levantando e izando el nombre de CUEVAS DEL CAMPO hasta la cúspide, justo en el momento preciso; creando y transmitiendo también maravillosos sentimientos de una profundidad y una belleza humana que más de un espectador visitante envidió, por un momento, ser uno de nosotros; hasta tal punto -pienso yo- que el pasado de nuestro pueblo terminó aquel primer Viernes Santo y nuestro futuro se inició también aquel día en la Cueva de Parejo.
Antonio V. Martínez Cruz
Director Semana Santa Viviente
Cuevas del campo
CRUCIFIXIÓN
FLAGELACIÓN
JUICIO DE PILATO
Publicado en la revista "PUERTA DE LA VILLA Asociación Amigos de Gor" (Granada) nº 64, agosto 2010 paginas 32-35
martes 31 de enero de 2012
EL VIEJO Y OLVIDADO ARADO DE NUESTROS ABUELOS
“Aprieto firme mi mano,
y hundo el arao en la tierra,
hace años, que llevo en ella,
¿Cómo no estaré agotao?...
Vuelan mariposas, cantan grillos
la piel se me pone negra
y el sol brilla, brilla y brilla…
Cómo yugo de apretao
tengo el puño esperanzao
porque todo cambiará...”
(Víctor Jara)
ARADOS ANTIGUOS
ARADO "CUEVEÑO" DE VERTEDERA
EL LABRADOR
Nuestra vida no transcurre en un vacío, sino en un tiempo y en un espacio que son, queramos o no, limite y posibilidad de nuestra propia existencia como personas. Tradiciones, costumbres, creencias y todas esas pequeñas cosas que vamos acumulando nos llevan a pensar que somos lo que somos gracias a nuestro pasado, a nuestros ancestros, a nuestra lengua y a nuestra cultura.
Desde esta perspectiva, podemos afirmar, que la cultura, siempre es algo vivo, que nos llega por tradición externa y nos liga al pasado, aunque algunas veces creamos que hemos perdido nuestras raíces. Un lugar común compartido por todos en el que, día tras día, a partir de repetidas experiencias, hemos ido satisfaciendo nuestras propias necesidades, aprendiendo a relacionarnos, a convivir y llenando nuestro propio saco cultural o “baúl de los recuerdos”.
Hoy, al escribir estas palabras, he querido remover este tupido “costal” para rescatar del olvido otro de los objetos más significativos de nuestra cultura cueveña y con un lugar especial en mis vivencias personales desde que era niño, como os sucederá a más de uno de vosotros: el arado, aunque hace mucho tiempo que parado quedó en el espacio de nuestras ocupaciones, su imagen aunque lejana, permanece viva y dispuesta a ser desvelada siempre, si hay suerte, a nuestras nuevas generaciones.
No hace mucho se publicó el nuevo diccionario de la Lengua española en el que se incorporaban nuevos términos. Es un signo positivo en el que se manifiesta la vitalidad de nuestro idioma y su capacidad de acomodación al progreso y al cambio. Unas palabras que nacen y otras que pasan al estado de coma, aunque no por eso debamos abandonarlas.
Arado, vertedera, rejas, yuntas, orejeras, gañanes y labradores son, entre otras, un ejemplo de esta evidente realidad; objetos, profesiones y aperos de labranza que durante muchos años estuvieron presentes en nuestras vidas y en nuestro hogar como parte de nuestra propia familia, ya han perdido su razón de ser, su valor de uso. Son palabras y realidades que, corroídas por la herrumbre del pasado, desgraciadamente, yacen en el silencio del tiempo y, como el humo, se han disipado de nuestra memoria y de nuestro entorno físico.
Con el tiempo los avances tecnológicos aportan soluciones a viejas necesidades; el primitivo “arado de palo” se perfecciona y surgen nuevas variantes. Hacia final de la Edad Media, es utilizada la vertedera -una cuchilla y dos manceras-, que permitía voltear la tierra además de abrirla; más tarde, la giratoria que incorpora dos rejas que posibilitan una mayor adaptación a las condiciones del terreno y a las diferentes tareas del campo y, posteriormente, van apareciendo otras variantes hasta culminar, con la llegada de la industria, en el proceso de mecanización del campo en el que la actividad agrícola se aproxima o más bien se anexiona e hipoteca a la urbana.
Con las lluvias del otoño, y la proximidad del invierno, la naturaleza se renueva, mientras la ciudad mantiene de forma imperturbable el pulso frenético de su actividad. En el campo la vida renace; se inicia de nuevo el ciclo y con él, las primeras labores. Lejos de la ciudad, los labradores cueveños repasan sus rejas y se dispone a levantar y remover la tierra: alzar, binar, arar... De la mano de la mancera -esteva- acompaña a su arado y prepara el terreno que de forma acogedora recibirá y fertilizará la semilla. De sol a sol, y con la luz del lucero, culmina su labor campestre. Y, como Manuel Marín, Cándido Castellar, Andrés el “Nene”, Antonio “Mañas” a la vera de nuestro patrón “San Isidro labrador”... y tantos otros curtidos gañanes, aparceros, jornaleros y labriegos que mantuvieron con orgullo la noble tarea de labrar la tierra. Para todos, éste fue, sin lugar a dudas, su primer lapicero y su primer diccionario. Cultivando la tierra adquirieron sus primeras nociones de geometría; rotulando surcos y besanas, aprendieron los números y la aritmética; con el sudor de su frente la fertilizaron y asimilaron sus primeras palabras de miseria, hambre y dolor. Días, meses y años de intensas labores en íntima complicidad con la naturaleza. Duras y densas jornadas de larga andadura; pegados a la mancera y sin volver la cara a un apacible descanso; y como silencioso testigo de todo su esfuerzo, el arado, junto al que surgió su temprana conciencia social:
“Esa tierra que no es mía,
esa tierra que es del amo,
la riego con mi sudor,
la trabajo con mis manos”.
Removida con la reja y adobada con el sudor, la tierra generosa dio su fruto, aunque de forma poco productiva e inadaptada a las exigencias del comercio y del consumo. El arado evolucionó; se renovó, pero no las condiciones en que éste se utilizaba, el contexto de trabajo y la distribución de las tierras. Fracasa la “Reforma Agraria”, la industria se desarrolla, la agricultura se abandona y el campo, insostenible e insoportable, se desmorona sojuzgado por el progreso y la ciudad. Campo y ciudad, dos espacios y dos realidades muy relacionados, aunque distantes y, en cierto modo, antagónicos en muchas ocasiones.
El tiempo pasó y después de una ardua y dura jornada de lucha por sobrevivir y mantener en alto este casi olvidado oficio, el labrador cueveño tuvo que dejar su arado, girar su mirada y desviar el surco de su mancera en busca de nuevos horizontes. Una arriesgada aventura: olvidar la paz de la tierra; dejar el campo, el trillo y la vertedera a cambio de una incierta promesa: el bienestar de los suyos, una lejana ilusión y una novedosa empresa.
Hoy, en los albores de este nuevo siglo, el arado y todo el simbolismo que encierra, queda reducido a un simple objeto del pasado, una reliquia o un sueño difuso. Se alisan los montes, se arrasan los bosques, y el campo convertido en un erial infértil y baldío, queda como un subproducto más de especulación y consumo. La cultura del microchip, la informática y la publicidad absorben nuestras neuronas y nos adentran en un mundo mágico, alejado de nuestra realidad cotidiana y desligado de la tierra. Con el progreso hemos vuelto la espalda a la naturaleza y perdido la visión del ciclo completo de la vida. Y, como buenos consumidores, sólo percibimos el producto final del proceso -el pan, la carne, la verdura, la fruta…-, sin cuestionarnos de dónde proceden y cómo han podido llegar hasta nosotros.
Nuestros hijos, nietos y bisnietos desconocen el arado, la siembra, el cultivo y, a lo sumo, como en el “Mito de la Caverna” de Platón, perciben su sombra y la imagen difusa de la vida de unos seres inexistentes que recibían el nombre de agricultores.
No seamos olvidadizos. Detengamos la carrera de nuestra modernidad y hagamos un acto de reflexión en torno al arado y la fertilidad de la tierra. Volvamos nuestra mirada hacia ella y aprendamos de nuestro pasado cueveño. Todo está unido y todo procede de la tierra. Si se rompe un eslabón de esta cadena, se rompe el hilo del que, nosotros mismos -queramos o no- formamos parte.
El arado, ese gran desconocido. He querido, hoy, con todas mis fuerzas, que fuese nuestro protagonista. Como poeta remueve y mima la tierra, como labrador reescribe su historia de amor y desamor con el hombre. Los árboles nos impiden ver el bosque y no nos percatamos de que lo importante, la esencia de la vida está en lo más humilde y sencillo que, como el agua y el viento, suele pasar desapercibido. Se suele decir que, junto a un gran hombre, hay siempre una excelente mujer; y con el arado, la tierra y el sudor de un labrador sucede lo mismo.
Con estas palabras me dispongo a defender su figura y, con ella, rescatar del oscuro pozo del olvido al arado y a ese antiguo y noble oficio perdido de “labrador”. Cultura viene de cultivo, sentido positivo; acción de cuidar todo aquéllo que forma parte de nuestro entorno y de nuestra historia; respetar y mantener vivos todos aquéllos conocimientos y valores que recibimos de nuestros mayores, que nos caracterizan como pueblo y que configuran nuestra propia identidad: Cuevas del Campo.
Y para finalizar, sólo me queda lanzar de nuevo el mismo grito al cielo repitiendo dos de aquellas estrofas de mi anterior artículo, “El trillo, la trilla, la era y el museo” por si alguien, esta vez me oye mejor:
“Hay veces que me "lleno de rabia", -y perdone el lector mi atrevida expresión- cuando pienso: ¿Tan difícil es reunir esas pocas herramientas y enseres que aún nos quedan de aquellas generaciones y exponerlas en un “MUSEO” en nuestro pueblo, para así recuperar nuestra memoria histórica?
¿Quién les explicará a nuestros hijos, nietos y biznietos todo nuestro pasado? ¿O acaso eso ya no nos interesa? A veces pienso que soy un iluso cuando recuerdo toda esta auténtica utopía, luchando contra los “molinos de viento” y veo que mis palabras se las lleva el viento”.
HOMENAJE AL ARADO
MUSEO DEL ARADO (TOMELLOSO)
NUESTRO ARADO DE SIEMPRE
domingo 22 de enero de 2012
NACER, VIVIR Y MORIR
FRANCISCO MARTÍNEZ CRUZ
PACO EN LOS AÑOS CINCUENTA
MARILOLA Y PACO VIVIENDO SU NOVIAZGO
DON VICENTE CON JULITA Y JOSEFINA, SUS HIJAS
MEDIA LUNA, AÑO 1954
Prácticamente es imposible apreciar el tiempo al mismo ritmo que transcurre. Percibir esta circunstancia no es fácil, y la verdad es que sólo muy de vez en cuando lo apreciamos, siendo entonces, como por sorpresa y a borbotones cuando nos percatamos de los efectos despiadados que ocasiona el transcurrir de la vida, dejando constancia de ello en todo cuanto nos rodea, incluso como es obvio en nosotros mismos. El reloj, como fiel monaguillo servidor de esa liturgia de la existencia, va marcando con el tilín de su inseparable campanilla los momentos importantes de esa carrera de aconteceres y que alguno de los cinco sentidos, siempre dispuestos a transmitirnos sensaciones nuevas o evocar las añejas conocidas, nos transportan a un pasado no muy lejano, pero entrañable casi siempre, ya que incluso las vivencias menos agradables se dulcifican un poco con el paso del tiempo. Lo cierto es que al evocar esos recuerdos nos topamos de frente con la realidad cruel y desnuda de la existencia en la que nacer, vivir y morir son los tres únicos verbos que sabe conjugar.
No todo lo que nos rodea de forma coetánea tiene su "reloj biológico" sincronizado con el nuestro, afortunadamente diría yo, pero lo cierto es que la reflexión muchas veces involuntaria y por tanto inoportuna a veces, nos conducen a vivencias de otros tiempos pasados, adornadas con esa aureola que impregnan los recuerdos, quizá por la certeza de que no se volverán a repetir, ya que parte del elenco de actores que interpretaban la obra nos dejaron cuando la existencia conjugó su tercer y fatídico verbo.
El pasado mes de abril, por razones particulares y después de muchos años de ausencia, he tenido la ocasión de pasar en Cuevas del Campo un mes de forma ininterrumpida, (aunque durante mi ausencia, siempre, y aunque haya sido de manera testimonial, todos los años he venido a fichar como se dice en los ambientes profesionales, cuando pasa uno por delante del controlador de presencias e introduce la tarjeta para validarla). Un día, estando en mi casa, disfrutando en la mañana del renacer primaveral de los árboles del paseo y del bullido del despertar de los gorriones, sus más aguerridos e inseparables huéspedes de toda la vida, se oyó un tremendo estruendo, o a mí me lo pareció así al estar absorto por la paz y el sosiego espiritual que proporcionan los recuerdos y vivencias de otros tiempos, y al preguntar por el origen de tanto ruido, me dijeron y pude comprobar yo mismo el motivo: estaban derribando el edificio de la antigua Botica, la de toda la vida. Era la espoleta que haga estallar por los aires los recuerdos acumulados durante el segundo verbo de la conjugación de mi existencia y centrarlos en ese mismo lugar. Por un momento me vi transportado a mi niñez y al retroceder no pude evitar el topar con el recuerdo agradable de aquella pareja tan entrañable como peculiar que era la que formaban Don Vicente y Doña Julia.
"Recuerdo de manera muy emotiva cuando mi madre me mandaba a comprar "ZZ" para las moscas a la Botica, (no nos olvidemos que la familia de los dípteros por estas latitudes, en cuanto se percataban de la proximidad de los calores del verano eran de los más fieles y perseverantes acompañantes en siestas y atardeceres, siendo en estos menesteres cuando la mayoría de nosotros pusimos en práctica la aplicación de la química), y Don Vicente me decía haciéndome rabiar y contestando a mi solicitud: "coges la mosca, ábrele el bóquilis, échale el polvilis y dípteris mortis", son de aquellas cosas sin más importancia, intrascendentes a todas luces, pero que quizá por el momento en que se dicen o quizá por la simpatía con que se dicen, se van quedando grabadas a lo largo de la vida, jalonando la existencia y marcando las distintas etapas de manera indeleble.
Eran otros tiempos, y la Botica sin lugar a dudas era una institución que nos proporcionaba alivio, además de ser el lugar en donde se elaboraban fórmulas magistrales y se dispensaban específicos con remedios contra casi todos los males conocidos. Más tarde sirvió para damos a conocer y ponernos en contacto con productos de consumo puro y duro como se dice hoy, por lo menos a la gente que nacimos en el pueblo, y cuando comprar un "Danone" conllevaba dos viajes a la farmacia, uno para encargarlo y otro para recogerlo al día siguiente cuando llegase el correo, si las inclemencias del tiempo no lo impedían. Seguramente que los más jóvenes esto les sonará raro, pero no es un error, no, los yogures no hace mucho tiempo se compraban en la farmacia y sólo conocíamos los naturales en tarros de cristal y con devolución de envase fregado. También por aquel entonces sin saberlo, éramos víctimas de la publicidad y casi todos creíamos que yogurt y Danone era el mismo producto.
Con toda seguridad que la vida y todo cuanto le rodea se tiene que ir renovando, se va renovando como una pradera con el rayo, son las reglas de la evolución y la vida misma en sí no es sino una continua carrera de relevos con la meta no se sabe muy bien dónde (o al menos a mí me lo parece), pero el momento previo a la renovación suele ser la muerte que es el tercer y último verbo que conjuga el hecho real de la existencia, y esto cuando menos, provoca una reflexión (o al menos a mí me lo parece).
Francisco Martínez Cruz
Fallecido en Vilafortuny, Cambrils, (Tarragona), el dos de noviembre de 2.006
DON VICENTE
DOÑA JULIA
PUERTA REAL 1964
sábado 21 de enero de 2012
GREGORIO FERNÁNDEZ CRUZ "EL LOCO"
Gregorio es de esas personas que te llenan la vida de sensibilidad mientras te va contando una a una sus vivencias y anécdotas, que son las nuestras, como si los felices años veinte no hubiesen pasado nunca.
GREGORIO EL LOCO
...EN SUS AÑOS JÓVENES
ESCENA FAMILIAR EN SU CUEVA
LA RONDALLA FUE SU FORMA DE VIVIR
Mil novecientos veinticinco fue, sin duda, un año de noticias importantes en su acontecer diario yno sólo porque el charlestón causaba furor entre nuestros abuelos o los periódicos de la época reflejaban, en grandes titulares, cualquier evento innovador o noticia importante. En aquellos días se inventaron los crucigramas y en París, las medias de cuadros hacían las delicias de las señoras.
Mientras en Estados Unidos nacía Paul Newman y Robert F. Kennedy, en nuestras Cuevas Gregorio Fernández Cruz, veía los primeros rayos de luz de su vida, en aquel nuevo año de miserias y hambre “... aunque yo fui afortunado. En casa de mis padres había una tienda y no faltaba de na. Una vez se me cayeron dos dientes de comer chocolate” me dice este buen hombre y amigo, reflejándosele en la mirada una tímida sonrisa infantil de satisfacción.
La llegada de la electricidad a nuestro pueblo, además de haber sido un acontecimiento importantísimo, hizo la vida más llevadera y alegre, en aquellas veladas de oscuridad, velas y candiles. “Recuerdo la fábrica de la luz... la vi funcionar. Como mis padres eran amigos de Manuel, que era el que la llevaba, me invitaba a visitarla frecuentemente. Funcionaba siempre de noche”.
Entre sus amistades de niño destaca a “Manolo Medina que era uno de mis mejores amigos. Hacíamos un pinto y jugábamos a las almendras, nueces... con el Chico Jerga, mi cuñao José Mª, Camilo...”
La verdad es que los críos de aquella época tenían que idear, diseñar y hasta construir sus propios juguetes, ante la falta de dinero o tiendas donde conseguirlos; pero para Gregorio y sus “terribles amigos” eso no les suponía ningún esfuerzo aunque hoy, sin duda, tendrían muchos y graves problemas.
Los críos “que siempre hemos sio más brutos”, se las ingeniaban de mil formas diferentes para poder jugar. “Con Manuel Manías, el practicante, hijo de Jesús Fuentes, nos dedicábamos a hacer pistolos. Nos hacíamos de un tubo, lo atábamos bien, porque no nos fiábamos, y lo enrollábamos con alambre para evitar que se abriera con el disparo. Luego le poníamos pólvora, una mecha y la metralla con los clavos de herrar las bestias, que buscábamos en la herrería del maestro Cirilo”. “Un día atamos otro pistolo a un árbol en una finca que teníamos en el barranco. ¡Qué tiro le pegamos al chopo de enfrente que lo arrancamos de cuajo!”.
Gregorio es generoso por naturaleza, le gusta compartir con sus amigos y familia, no porque lo refleje su horóscopo sino porque lo lleva dentro desde niño; por eso, pienso yo, que no tolera la traición, como tampoco está necesariamente al acecho por si la vida le cuela un gol. Él prefiere, por encima de todo, la verdadera amistad, disfrutar de la vida y de sus buenos momentos,
¿Y el apodo, Gregorio? Me mira fijo a la cara y sonríe, mientras habla y habla con esa naturalidad, fluidez y desparpajo que tiene, que parece muchas veces, que las palabras van por delante del pensamiento. “...esto de Loco viene por mi bisabuelo, que era de Bácor... a la hora de irse a la mili, el alcalde de Zújar, que tenía mucha amistad con mi familia, puso en los papeles: este muchacho es una buena persona pero está loco; lo dijo porque mi bisabuelo había tenío un problema grave con el cura hacía poco tiempo. Así que se libró del servicio militar dejándonos el apodo para siempre. Mi abuelo Juan el Loco, mi padre Manuel el Loco y nosotros los Locos”.
A pesar de todo, Gregorio es de esas personas que disfrutan plenamente de la vida como nadie, con sus cinco sentidos, con su inteligencia siempre práctica o con sus sentimientos profundos. Por eso, la música le ha dado a lo largo de la vida de todo; afición, amigos, riqueza y paz interior y ¿cómo no?, ganas de transmitirla a los demás. Prueba de ello fue el origen del conjunto Los Sorix.
“Desde que era chiquillo me viene la afición por la música”, me dice con ese orgullo lleno de sentimientos y satisfacción, hasta el punto que parece que sus palabras te transportan a los años treinta.
“Un día, Camilo Soria me dijo que había baile en la cueva de Elena, que entonces vivía allí Antonio, el hermano de Pérez el guardia. Estuve al lado del músico oyéndole tocar hasta que mi padre subió buscándome muy enfadao, pues hacía poco que había muerto mi madre, y me echó una regañina. Luego le dije que me gustaba mucho la música y me había embelesao. Tenía yo doce años”.
“Al año siguiente le dije a Aurora, mi madrastra, que Agustín Castellar vendía una bandurria muy bonica; la pobre me dijo: ¿de dónde saco yo los trece duros? ...pero se las apañó y me la compró”.
“Luego empecé a tocar de oído, pero fue Luis Gámez el que nos enseñó a los que hoy sabemos un poco de corcheas, fusas y semifusas. Después se nos juntaron también mi cuñao José Mª, Agustín el Sacristán... y nos pasábamos el día hablando de música”.
Después fueron transcurriendo los días y empezaron a tocar “en el teatro que había donde estaba la casa de Amador Rodríguez y la de Alsacia, que era de Florencio. Un día se hundió pero quedaron los camerinos y allí ensayábamos siempre entre restos de esparto, tochos y chatos de vino”.
“Con la rondalla tuvimos una época maravillosa”, me dice Gregorio, como si hubiera vivido con más intensidad en su vida, aquella época, con Joaquín Chingara, los Tejas, el Alpiste, Manolico el de la Colonia -que no tocaba na- y el carpintero de la Colonia. La verdad es que tocábamos bastante bien; daba alegría y nos gustaba hacerlo.
Ahora Gregorio se transforma, como si por arte de magia el pasado se hiciese presente o el presente pasado. Sus palabras se llenan de vida y envuelven mi entorno de música y colores, haciéndome poner los dientes largos. “Las Navidades de aquellas épocas eran fabulosas. Recuerdo, antes de la guerra, las misas de gozo y aquellos villancicos a las seis de la mañana, de noche por tos sitios. Nos matábamos llamándonos unos a otros. ¡Que han tocao a misa!. ¡Que han tocao a misa! . ¡Vamos!”
La verdad es que en la cara de Gregorio se refleja a raudales, la rabia y la nostalgia por haber dejado perder momentos tan gratos; pero la vida es así siempre, la vida es historia y la historia pertenece al pasado.
Después de unos instantes prosigue con su entusiasmo contagioso y desbordante. “Recuerdo que eran unas misas muy bonicas. Aquella iglesia tenía coro. Tocábamos arriba, cantábamos... Nos tirábamos casi dos meses ensayando. Después de las misas nos íbamos todos a casa de algún amigo o amiga y formábamos baile. Yo me he divertido mucho”.
La miseria de aquellos años, es verdad, que era muy grande, pero nuestros abuelos aunaron esfuerzos y con sus amistades las hacían más llevaderas. Sabían disfrutar siempre intensamente de los momentos justos y precisos. Es una pena que poco a poco, aquellos encuentros, aquellas vivencias, aquella riqueza social se haya dejado perder entre las lomas, las cuevas o las tumbas, por otros modelos venidos de fuera. Sencillamente creo que tendríamos que recuperarlos, entre todos, poniendo cada uno su granito de arena; todo forma parte de nuestra riqueza cultural y lo que se pierde es muy difícil de recuperar.
Gregorio es, me parece a mí, como un manantial de buenos recuerdos, por eso le sigo preguntando. ¿Te acuerdas de las cencerrás? “¡Claro que sí! ¡Cómo no me voy a acordar! Cuando nos enterábamos de que un viudo se llevaba la novia o a otra viuda, se organizaba de momento un grupo de personas. Desde los puntales de las lomas se daba rápidamente el aviso a to el pueblo. Al instante acudía to el mundo con cuernas, caracolas, cencerros, tambores, latas o con lo que cada uno pillaba. Luego marchábamos a la cueva donde estaban los novios. Si no salían a convidarnos aquello podía durar toa la noche”.
Gregorio no es de esas personas que corren tras la fama y los honores; prefiere la sencillez de la vida y de las cosas, como el olor del romero, el tomillo, las flores silvestres del Chaparral, disfrutar de un pan recién hecho por el Metros, Joaquín, Los Sacristanes o pasar horas y horas con su bandurria, recordando sus años mozos; aunque en el fondo, si las cosas no le salen bien o alguien le traiciona o le engaña, puede ser tozudo y obstinado; entonces no hay quien le mueva de sus ideas fijas y si no que se lo pregunten a los del Ayuntamiento de Zújar cuando saltó la chispa con los contadores del agua, dando lugar poco después a la segregación, junto a otros muchos padres de la patria cueveña. ¡Qué tiempos aquellos y ya tan lejanos!
Gregorio, a pesar de todo y de todos, se ha sentido siempre a gusto en su vida pasada. La historia del pueblo nunca le pilló en fuera de juego. Siempre estuvo en su lugar preciso.
Recuerdo personalmente, aquellos días de estío de los setenta, cuando íbamos a pescar al río de la Bolera y traer cantidad de peces cuando aún nadie lo hacía en el pueblo con caña o, incluso antes, cuando formó parte del grupo de personas que fundaron la Sociedad de Cazadores, “... con Paco el Electricista, Ramón el de Federico, Tomasillo el del Coto, Ramón el Piri, Metros, Juan José el Boticario, que fue el presidente, Serapio... Acotamos primero la jurisdicción de Cuevas y después la de Zújar; por ese motivo tenían que hacer ellos el camino hasta aquí...”
“¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando viajero
A lo largo del sendero...
La tarde cayendo está.
...suena el viento
en los álamos del río.”
El tiempo se nos ha pasado grata y fugazmente, casi sin darnos cuenta, con el viento impregnado de historias pasadas, como dice A. Machado: “A lo largo del sendero”.
Cuevas del Campo, en mi casa, 23 de diciembre de 1.999 (Fallecido)
MANIFESTACIÓN A FAVOR DE LA SEGREGACIÓN
REUNIÓN EN EL SALÓN DEL SUAVE
GREGORIO FERNÁNDEZ CRUZ "EL LOCO"

PASIÓN POR CUEVAS DEL CAMPO
“Cañadas de fértiles tierras
Pantanos de aguas claras
pinares en las sierras
alcaparras en las ramblas.
Mi pueblo refleja en la espuma
su belleza enamorada
en el agua y en la Luna
en las hojas y en el alma.”
Antonio V. Martínez, Pasiones
VISTA DE UNA CASA CUEVA
ALCALDE, CURA Y MAESTRO, AÑOS SESENTA
TRILLA EN LA CAÑÁ SAN ISIDRO
ANTIGUO PUENTE EN EL GUADIANA MENOR
VISTA AÉREA DE CUEVAS DEL CAMPO
Fue en el estío de mil novecientos sesenta. Hace ya cincuenta años, nada más y nada menos. Recuerdo con gran cariño aquel lejano día, escondido en el fondo de mi memoria con una huella imborrable y ahora, por lo tanto, lo recupero casi todo fácilmente con toda nitidez y frescura.
Tenía, yo, entonces…once infantiles y deliciosos años, cuando mis retinas se impregnaron de bellas e indelebles imágenes cueveñas. Aquellos crepúsculos bordados de estrellas e impregnados de preciosos colores dibujados mágicamente en el horizonte lejano del firmamento; el insultante e insoportable canto de la chicharras día y noche, escondidas por doquier; el cansino, monótono e interminable ir y venir de la barcina con un sol de justicia, tórrido y asfixiante; las ligas con vino peleón, garbanzos tostaos y bacalao, en la puerta de Blánquez; la Cañá de San Isidro plena de mieses y de trillas; el molestísimo e insoportable polvo de las parvas que se colaba en los hogares y el cuerpo, por todos sitios; aquellas “gentes güenas” que nos sembraron sus vidas de futuro, hoy bisabuelos, abuelos y padres nuestros, muchísimos ya desaparecidos.
Fueron días que dejaron en mí una huella imperecedera e imborrable. Poco después, mi familia se estableció aquí y yo con ellos. Ahora mis padres, mi único hermano y mis abuelos paternos descansan, para siempre, en esta bendita tierra nuestra. Y así comenzó mi pasión por Cuevas.
Desde entonces, como todos sabéis, la vida ha cambiado en muchos aspectos, como en todos sitios supongo yo. Pero este año todo ha sido diferente en Cuevas del Campo.
En aquel principio de siglo, hace diez años, nuestro pueblo comenzó a convertirse como por arte de magia en la Jerusalén del pasado, alcanzando metas inigualables: La “DECLARACIÓN DE FIESTA DE INTERÉS TURÍSTICA NACIONAL DE ANDALUCÍA” nunca en España se había concedido tal galardón a ninguna población con sólo cuatro años de representaciones. Ahora más de cien mil personas han pasado por nuestro pueblo como espectadores.
Acabamos de celebrar la X edición de nuestra Semana Santa Viviente, con la participación de centenares de cueveños actores, actrices, figurantes, técnicos aficionados y colaboradores. Más de diez años intensos de trabajo, preñados de esfuerzos y sacrificios; trabajando unidos todos, cada uno en su grupo, con un único objetivo: promocionar nuestra localidad y su Semana Santa. ¡Y a fe que lo hemos conseguido entre todos! Y aquí está el milagro cueveño.
Prueba de ello, este año, han sido las emisiones de TVE en su programa “ESPAÑA DIRECTO” y las de CANAL SUR en “ANDALUCÍA DIRECTO” el pasado Viernes Santo desde nuestro “Gólgota” retransmitiendo las imágenes de nuestra Pasión a medio mundo.
Los talleres de costura, sin contar prácticamente con medios materiales ni dinero. Un grupo maravilloso de sacrificadas mujeres consiguió elaborar y confeccionar, con imaginación, un vestuario fielmente parecido al de hace dos mil años, echando muchas veces mano de cortinas, colchas y otras veces rastreando todos los mercadillos de los alrededores para poder dar con las telas más adecuadas para cada tipo de personaje, consiguiendo como publicó ABC “..un vestuario brillante”.
Los equipos técnicos, un verdadero trabajo de titanes, sacando tiempo, siempre, milagrosamente, de donde no lo había. Ha sido increíble su labor pues siempre, todo estuvo a tiempo en su momento justo. Un trabajo digno de elogio. Se solucionaron todos los problemas que iban surgiendo, con gran profesionalidad.
El equipo de sonido situó estratégicamente y con perfección sus equipos en tres puntos diferentes del recorrido de la Pasión, para poder llevar con la mayor calidad la música a las diferentes escenas, sin que nadie ni nada se privase de unos momentos musicales únicos y espectaculares.
¿Y las actrices, actores, figurantes y la banda de tambores? Impresionantes todos, se integraron rápidamente en un único y verdadero equipo de interpretación. Consiguieron lo que nadie imaginó, lo que nadie esperaba, transportando, levantando e izando el nombre de CUEVAS DEL CAMPO hasta la cúspide, justo en el momento preciso; creando y transmitiendo también maravillosos sentimientos de una profundidad y una belleza humana que más de un espectador visitante envidió, por un momento, ser uno de nosotros; hasta tal punto -pienso yo- que el pasado de nuestro pueblo terminó aquel primer Viernes Santo y nuestro futuro se inició también aquel día en la Cueva de Parejo.
Año tras año fuimos bordando una escenografía espléndida y riquísima, enriquecida notablemente con un vestuario bellísimo, una banda sonora impresionante y unos escenarios naturales de increíble belleza, que deslumbran, cada año, no sólo a todos nuestros visitantes sino también a muchos cueveños que al principio no creían lo que estaban viendo.
Gracias de corazón a todos estos equipos de trabajo, porque unidos, entre todos, hicimos llorar, sufrir y profundizar también ¿por qué no? en esos personajes de nuestra Pasión, haciéndolos más humanos y cercanos para todos.
No destaco a nadie -a pesar de que hay actuaciones y trabajos que sobrepasan la perfección- porque lo más importante de todo, año tras año, ha sido la auténtica unión de un pueblo trabajando en un proyecto impresionante difícil de imitar, desde niños de corta edad -meses solamente- hasta jóvenes, adultos, padres, abuelos y bisabuelos.
Aquel lejano trece de abril de dos mil uno, hasta el pasado dos de abril, nuestra Semana Santa Viviente ha llegado a ser uno de los eventos culturales, religiosos, populares y teatrales más importantes y representativos no sólo de nuestro entorno sino de toda Andalucía, España, Europa y el mundo.
Leo Tromp, presidente mundial de la AITA (Asociación Internacional de Teatro Amateur) y amigo mío, me confirmó en su día que el conjunto de las actividades de nuestra Semana Santa Viviente: (Entrada Triunfal a Jerusalén, la Ambientación, Recuperación de Oficios, el Drama de Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret y el Mercado Judío) eran actividades en su conjunto únicas en el mundo del teatro y que no había nada semejante en ningún rincón de nuestro planeta. Esto ha hecho que hayamos pasado del anonimato a la grandeza en sólo una década
Por todas estas afirmaciones y por la realidad de nuestro proyecto creo que desde hace años ya forma parte de nuestras vidas, de nuestra historia y cultura.
Gracias a cuantos nos habéis ayudado a conseguirlo y hacerlo posible, porque en el fondo -creo yo- que no hemos defraudado a nadie.
Permitirme una pequeña anécdota muy personal aunque para alguno me tome por un pedante o engreído. El primer año, finalizada la representación tuve la suerte de ser el primero, como director, en subir a la loma para abrazar y felicitar a nuestros actores. Desde allí disfruté de un espectáculo impresionante; a mi alrededor, más de seis mil personas situadas, estratégicamente, en todos los rincones de Cantarranas, San Isidro y lomas circundantes.
Me impresionó tanto todo aquello que sin darme cuenta me apoyé en la cruz del Cristo crucificado; miré el horizonte y me emocioné profundamente. ¡Dios mío, cuánto quiero a este pueblo! ¡Cuánto quiero a esta gente!
Antes de terminar, quisiera hacer un pensamiento en voz alta, una pregunta sin acritud y espero que no hiera la sensibilidad de alguno ¿cómo en un pueblo como el nuestro, en el Domingo de Ramos y a la misma hora que comenzó “La entrada Triunfal de Jerusalén” primera actividad de nuestra Semana Santa Viviente, dos de nuestras entidades más importantes -y a las que pertenecemos prácticamente todo el pueblo- programaron sus “Asambleas Anuales a la misma hora? Yo, al menos, no lo entiendo.
Por eso quisiera pedir a “todos” más coherencia y atención equilibrada para caminar juntos y unidos en esta o en otras actividades de promoción turística de nuestro pueblo, pues entre todos estamos llevando el nombre de Cuevas del Campo a cientos de lugares del mundo y generando un poco de ¿economía sostenible en ciertas épocas del año? con la llegada a nuestra localidad de miles de personas que vienen una y otra vez a disfrutar de tantas cosas buenas que tenemos y llaman tanto la atención fuera de nuestro entorno.
Ya comienzan a llegar claramente a nuestro turismo rural, comerciantes, bares y restaurantes y a pesar de todo, nosotros nunca hemos pedido nada a cambio. Por todo esto me pregunto alguna que otra vez ¿Por qué durante todo un año no hay lugar para convocar este tipo de reuniones?
Espero y deseo que mis palabras sirvan solamente de encuentro y entendimiento para otros años y así, entre todos podamos trabajar unidos por el bien de nuestro pueblo.
También pido disculpas anticipadas por si alguno se siente herido por alguna de mis palabras, aunque nunca ese fue mi deseo.
Finalmente, hay veces que me "lleno de rabia" cuando en nuestro Drama de Pasión veo desfilar, cada año, las herramientas y enseres de nuestros antepasados -en la “Recuperación de los oficios del pasado” -y perdone el lector mi atrevida expresión- ¿Tan difícil es reunir esas pocas herramientas y enseres que aún nos quedan de aquellas generaciones pasadas -nuestros padres, abuelos y bisabuelos- y exponerlas en un “MUSEO”, en nuestro pueblo, para así ir recuperando poco a poco nuestra memoria histórica?
Llevo años pidiéndolo y no cesaré mientras tenga fuerzas para hacerlo. Cuevas del Campo necesita un MUSEO que recoja toda nuestra historia, todo nuestro pasado y así, las generaciones venideras sepan y tengan presente el trabajo, el esfuerzo y las miserias que nuestros antepasados hicieron por todos nosotros.
Termino con mi agradecimiento sincero y lleno de amistad para todos vosotros y pido a San Isidro, nuestro patrón, os colme y llene de y bendiciones.
Con mis mejores.
GRUPO DE HEBREOS EN EL PRETORIO
ENTRADA TRIUNFAL A LA JERUSALÉN CUEVEÑA
PRESENTACIÓN DE LA ENCICLOPEDIA MULTIMEDIA
CAIFÁS Y SUS SACERDOTES
CRUCIFIXIÓN EN EL GÓLGOTA CUEVEÑO (2010)
CRUCIFIXIÓN DEL NAZARENO
TEXTO: Antonio V. Martínez
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